Dentro de la periferia: los barrios le dieron la espalda al Frente Progresista

Franco Trovato/El Ciudadano
Apenas conocida la victoria de Omar Perotti sobre Antonio Bonfatti, los militantes del Frente Juntos (conformado por 14 partidos, entre los que están el Partido Justicialista y el Frente Renovador) celebraron en el Centro Cultural Atlas (CCA), de la calle Mitre al 600. En esa misma sintonía, Roberto Sukerman, candidato a intendente en Rosario por el Frente Juntos, se subió al escenario para contrarrestar las declaraciones que hizo Pablo Javkin (Frente Progresista), su principal competidor para gobernar la ciudad hasta 2023: a casi cuatro horas de cerrados los comicios, Javkin anunció a todos que la victoria era “irreversible”, apelando al dato que arrojaban los resultados de 100 mesas testigo.
Tanto Javkin como Sukerman sabían que no iba a ser una elección de grandes ventajas, como también estaban al tanto de que el centro de la ciudad volvería a quedar en manos de un Frente Progresista en retirada, con un candidato de fuera del seno partidista.
A pesar de tener los barrios a favor, sobre todo en zonas oeste y sur (donde hubo la mayor cantidad de homicidios en los últimos cuatro años), Sukerman no pudo torcer a un Javkin que ya se sabía ganador desde el momento en el que lo anunció desde el búnker que el Frente Progresista montó en el Mercado del Patio, el mismo sitio en el que Antonio Bonfatti salió a reconocer, al borde de las lágrimas, la derrota oficialista en el plano provincial.
Ya desde abajo del escenario del CCA, en donde anticipó que iba a ir a contar voto a voto al escrutinio definitivo, el candidato del Frente Juntos plasmó en los 280 caracteres que habilita Twitter una felicitación para Javkin, reconociéndolo como intendente electo de Rosario.
Sukerman quedó a casi 8 mil votos de fracturar una línea que lleva 30 años de gobiernos socialistas/progresistas en la ciudad. Los datos que le llegaban desde las escuelas de los barrios ponían a ese objetivo muy cerca, pero no lo suficiente como para proclamarse ganador.
Sin embargo, el mapa indicó que Javkin ganó en el centro y buena parte de Fisherton, mientras que Sukerman dominó ampliamente los barrios y las zonas periféricas de la ciudad.

“Creo que en los barrios se dieron cuenta que fueron muy postergados. Hay un desgaste del Socialismo que viene de hace tiempo”, considera Naldo Godoy, uno de los referentes barriales del distrito sur, al ser consultado sobre el mapa de la votación que muestra cómo el candidato del Frente Juntos se quedó con casi todos los locales de votación de la zona donde milita. El distrito encabeza la lista de homicidios en la segunda gestión de Mónica Fein, con 129, apenas superando al distrito oeste, que contabilizó 121 (ambos números se toman hasta el 16 de junio).
De patear diariamente el barrio, Naldo analiza que el Frente Progresista hizo “un trabajo muy bueno en salud, con los centros de salud y demás en distintos barrios donde se necesitaba”. Pero objeta que ese tratamiento no se abordó “de manera integral”.
Justamente, en zona oeste, el referente barrial Franco Gómez afirma que los centros de salud no escapan a la realidad que plantea Naldo en zona sur, y agrega que en la zona que él trabaja “hay chicos que están para más que una consulta normal, pero dan turnos de acá a dos meses. Tienen que estar esperando que vaya un profesional”.
“En barrio Francetti hay un centro de salud donde la trabajadora social, a veces, no tiene cajas de leche para repartir”, añade.
Por su parte, Naldo resalta su crítica en los servicios básicos que deben asegurarse en el barrio pero que muestran falencias: “Hay un centro de salud en el barrio, pero no hay agua potable, energía eléctrica, cloacas ni un zanjeo adecuado”.
Los datos que arrojan desde Aguas Santafesinas (Assa) indican que en la mitad de barrio Las Flores (en el distrito sudoeste, pegado al sur) no está disponible la red de agua potable, mientras que las cloacas casi no existen si uno toma como referencia la avenida Ovidio Lagos luego de Circunvalación.
Las cloacas fueron eje de algunos discursos por parte de Mónica Fein: en 2017, auguró que ese año terminarían “seguro en el 90% y nos quedan unos doce barrios que entre lo que falta de este año y el año que viene vamos a completar”; a finales de 2018, aminoró el anuncio al afirmar que iba a terminar su mandato “con la totalidad de los barrios con obras de cloacas”; en apertura de sesiones ordinarias del Concejo Municipal, afirmó tener “la certeza que visitaremos todos los barrios de la ciudad para terminar con el 100% de cloacas”.
Sin embargo, a días de finalizar su gestión, se sinceró: “A mí me hubiera gustado llegar al ciento por ciento pero se explica por la realidad de un país muy complejo”. En algunos barrios, este servicio se encuentra parcial o escasamente brindado.
En la zona de Fisherton, los votantes de las escuelas que se encuentran en cuadras y manzanas que gozan de cloacas le dieron la victoria al Frente Progresista; mientras, en el mismo barrio, quienes no tienen acceso a ellas le dieron la victoria a Roberto Sukerman.
En la zona donde milita Naldo, ni siquiera en las porciones poblacionales donde hay cloacas le perdonaron esta falencia al sector que gobernó la ciudad por 30 años: pasando Circunvalación en zona sur y sudoeste, incluso en zonas aledañas que contienen votantes d ese sector de la ciudad, el Frente Juntos ganó todos los locales electorales.
Gráfico de la red de cloacas en Rosario/Aguas Santafesinas

“Si a un bebé del barrio se le hace una mamadera con agua de una conexión clandestina, esa agua está contaminada. Si ese bebé se enferma, va al centro de salud y se cura pero va a volver a la casa, a volver a consumir esa mamadera con agua contaminada”, argumenta Naldo la postura que mencionó sobre el abordaje integral de la salud en los barrios de la ciudad.
Sobre todo, luego de que la intendenta declarara, a un mes de dejar su cargo tras dos períodos consecutivos, que “la ciudad tiene agua potable en todos lados. No hay ningún asentamiento irregular que no tenga agua”.
Gráfico de red de agua potable en Rosario/Aguas Santafesinas

A esa preocupación, añade la escasa presencia de opciones para desechar los residuos en la zona donde milita diariamente: “En ciertos barrios donde, generalmente, era prioridad que se hagan obras y cambios estructurales no se hicieron y se priorizó la zona del centro. Se cambió el piso de la plaza San Martín, ahora están renovando el cantero de Oroño y hay lugares donde, en mil metros, hay un sólo contenedor de basura. Eso hace que se genere un basural terrible todos los días y sea un foco de infección terrible”.
La obra de la renovación integral de la plaza San Martín, terminada a mediados de 2015, demandó un presupuesto de 17.230.530 pesos; a su vez, los trabajos que aún continúan en bulevar Oroño rondan los 30 millones de pesos en presupuesto.
El monto de la plaza San Martín es suficiente como para adquirir alrededor de 250 contenedores, mientras que el valor por el que se siguen cambiando baldosas y haciendo arreglos de plantines y césped en el bulevar Oroño alcanza para comprar un aproximado de 435 contenedores de residuos de 3.200 litros, de carga lateral, como los que se ven en las calles del centro y macrocentro de Rosario.
“Hay zonas que están completamente olvidadas. Como que desde Circunvalación para el sur, donde milito, los barrios no existen. Y el tema se complica cada vez más”, se lamenta Naldo.
A pesar de que el presupuesto en Ambiente y Espacio Público fue el segundo mayor que se ejecutó en los primeros tres años del segundo mandato de Fein (sólo por debajo de Salud Pública), esto no se tradujo en paliar las necesidades que mencionó el referente en la zona donde trabaja.

INSEGURIDAD Y DESEMPLEO
Rosario se ubicó, en los últimos cuatro años, como una de las zonas del país donde más desocupación hubo. De hecho, este indicador subió a dos dígitos según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec): en la última evaluación, el Gran Rosario arrojó un 10,6% de desocupación. Y antes de las elecciones, precisamente en marzo, el mismo estudio desarrollado por el organismo nacional dio que la cifra ascendía a 12,8% de la población
“Hoy no hay ni changas para hacer, se cayó todo. El gran problema es que a los chicos del barrio ya de por sí les cuesta conseguir trabajo y muchos, por la desesperación, se terminaron convirtiendo en soldaditos”, cuenta Naldo sobre algunas realidades del territorio en el que trabaja.
Y continúa: “Hay pibes que tienen familia y que, lamentablemente, no les queda otro camino que hacer eso. La desesperación de llevarle un plato de comida a sus hijos los lleva a eso”. La posibilidad de hacer alguna changa los mantenía al margen de volcarse a ese tipo de actividades, según afirma el referente barrial. Ahora, explica que esos mismos pibes que antes “se veían bien”, trabajando de lo que podían, “están demacrados y andan a los tiros con otros pibes”.

“Toda esta destrucción del tejido social está llevando a la ruina a toda la juventud. Eso hace que se incremente la inseguridad, los hechos de violencia y los homicidios”, considera Naldo.
En consonancia con él, Franco acota: “En Rouillón y Seguí, el Fonavi está tomado por los narcos. Los pibes venden falopa desde muy chicos porque hacen mucha plata, y fácil. Están a la deriva”
EDUCACIÓN A DISTANCIA
Para intentar reconstruir ese tejido, Naldo considera que la educación es una cuestión fundamental del proceso. Pero aclara que “no hay Eempa (Escuela de Enseñanza Media para Adultos) en el barrio y estamos luchando para que haya una en la zona para que los pibes puedan terminar el secundario”.
Esto repercute directamente en las posibilidades de encontrar trabajo para las personas que viven en el barrio, según cuenta el referente. Si bien hay Eempa repartidas en el distrito sur, la más cercana a los barrios más carenciados se encuentra en Laprida 6350, a unas diez cuadras de Circunvalación. El resto, apenas llega hasta calle Arijón; es decir, a alrededor de 15 cuadras de los asentamientos.
“Al no tener secundario y en el lugar donde viven, en una sociedad que discrimina bastante, se quedaron sin la changa que era la salida que tenían y están en una situación desesperante”, manifiesta.
A su vez, Franco asegura que falta un incentivo para que los chicos que deban el secundario puedan terminarlo; sobre todo, para conseguir trabajo: “No está al alcance de todos. Hay institutos que están muy lejos de algunos y esas familias no pueden pagar 60 pesos todos los días para ir y venir. Así, no terminan más la escuela”.
Justamente, las zonas sur y oeste son las más estigmatizadas en la ciudad. El hecho de aparecer en los grandes medios sólo por los homicidios que por momentos se cometían diariamente, hizo que pertenecer a esos lugares de la ciudad sea motivo para mirar de manera diferente a las personas que allí viven.
“Estamos en una sociedad hipócrita. Hablamos de inclusión, pero si va un pibe de la villa a pedir trabajo enseguida lo estigmatizan, es un garrón y una violencia social que viven cotidianamente. Si llevan un currículum a un comercio de la zona comercial de avenida San Martín, lo dejan como última opción por el lugar donde vive y lo más probable es que no lo tomen”, opina Naldo.
Franco, por su parte, cree que “la gente de los barrios se dio cuenta de que están siendo totalmente postergados y de que el Socialismo tiene una franja o una zona donde ejecuta sus políticas, que sería la parte más céntrica y turística, y los barrios están olvidados en todo sentido”.
Por eso, cuentan que de alguna manera intenta suplir las falencias del Estado a través de la organización barrial con distintas propuestas: “Tenemos una huerta comunitaria, tratamos de que los chicos salgan a vender lo que cosechamos, o hacemos una feria; y si no, lo producen. Por ejemplo, con la acelga hacen canelones caseros y los salen a vender”.
Y finalizan:“Tratamos de que los chicos se vengan a un centro comunitario a colaborar, a tratar de transformar el individualismo y el personalismo en compañerismo para que todos trabajemos para el colectivo. Tratamos de inculcar que acá salimos todos adelante o, si no, nos hundimos todos”.

Tomás Barrandeguy

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